Hace algún tiempo, la inteligencia artificial abandonó el espectro de la ciencia ficción para colarse en nuestro día a día y, aunque todavía en una fase muy inicial, está llamada a protagonizar una revolución un tanto comparable con la que generó Internet. Prediciendo un cambio tan vertiginoso y que hasta ahora se está dando a pasos gigantescos, en Creante Lab queremos empaparte de todos los conocimientos sobre IA posibles.

La Inteligencia Artificial (IA) es la combinación de algoritmos planteados con el propósito de crear máquinas que presenten la “capacidad de aprender”. Así, los sistemas automáticos de visión, el reconocimiento de voz, el reconocimiento de patrones y los sistemas de producción fija (es decir, que no aprenden) se consideran ejemplos de IA.

Tipos de inteligencia artificial

Los expertos en ciencias de la computación Stuart Russell y Peter Norvig diferencian varios tipos de inteligencia artificial:

Sistemas que piensan como humanos

Automatizan actividades como la toma de decisiones, la resolución de problemas y el aprendizaje. Un ejemplo son las redes neuronales artificiales.

Sistemas que actúan como humanos

Se trata de computadoras que realizan tareas de forma similar a como lo hacen las personas. Es el caso de los robots.

Sistemas que piensan racionalmente

Intentan emular el pensamiento lógico racional de los humanos, es decir, se investiga cómo lograr que las máquinas puedan percibir, razonar y actuar en consecuencia. Los sistemas expertos se engloban en este grupo. 

Sistemas que actúan racionalmente

idealmente, son aquellos que tratan de imitar de manera racional el comportamiento humano, como los agentes inteligentes.

 

Aplicaciones prácticas de la inteligencia artificial

La inteligencia artificial está presente en la detección facial de los móviles, en los asistentes virtuales de voz como Siri de Apple, Alexa de Amazon o Cortana de Microsoft y está integrada en nuestros dispositivos cotidianos a través de bots (abreviatura de robots) o aplicaciones para móvil. Algunos ejemplos son las que nos ayudan con el aprendizaje de idiomas; o que nos facilitan la búsqueda de un nuevo apartamento o el asistente virtual de Facebook que emite ‘diagnósticos’ médicos. Seguro mientras leías los ejemplos ibas pensando en un par de ellas. Todas tienen un mismo objetivo: hacer más fácil la vida de las personas.

Los avances en IA ya están impulsando el uso del big data debido a su habilidad para procesar ingentes cantidades de datos y proporcionar ventajas comunicacionales, comerciales y empresariales que la han llevado a posicionarse como la tecnología esencial de las próximas décadas. Transporte, educación, sanidad, cultura… Ningún sector se resistirá a sus encantos, o por lo menos esa es la predicción.

Más allá de lo cotidiano, la inteligencia artificial ha entrado con fuerza en el sector financiero impulsando el desarrollo de aplicaciones que mejoran los procesos de transformación internos (competitividad operacional, ventaja organizativa e innovación abierta) y los procesos de transformación de negocio (nuevos modelos de negocio, productos y servicios diferenciales, y mejora de la experiencia de cliente).

Es decir, la Inteligencia Artificial no solamente es útil para saber si usar chaqueta o no, sino que también puede optimizar los procesos de tu empresa. 

 

Riegos de la IA

Como siempre, cuando se implementa una nueva tecnología es importante tener en cuenta los riesgos asociados y la IA no es ajena a este punto. De hecho, si su implementación no se realiza de forma correcta, puede conducir a infracciones relacionadas con discriminación de la privacidad como en el caso del reconocimiento facial. La mejor forma de hacer frente a los riesgos es entenderlos y, por tanto, es importante comprender la ética que subyace al uso de la IA, así como los algoritmos utilizados en su programación. Sin esta precaución, las decisiones automatizadas pueden discriminar a determinados grupos de población por motivos étnicos, sociales o de otra índole, llegando a excluirles de acceso al crédito, por poner un ejemplo.

El sesgo de la inteligencia artificial es susceptible de afectar a cualquier industria o sector empresarial. Eso es lo que ocurrió en 2014 con el algoritmo que regía el reclutamiento de técnicos programadores de Amazon, que al procesar la información histórica de contrataciones (abrumadoramente, de hombres) penalizaba las menciones en los currículos a referencias femeninas. Por tanto, es importante garantizar que las decisiones automatizadas no generen discriminaciones injustas basadas en raza, origen étnico, religión, género, orientación sexual o cualquier otra característica. La transparencia es clave. Es importante recordar que las máquinas no son personas y los sesgos, intencionales o no, deben ser corregidos por el equipo detrás de ésta.  

La IA es ahora mismo, seguramente, la tecnología de vanguardia más prometedora de uso en el sector financiero, incluso en las excepcionales circunstancias actuales de la pandemia del Covid-19. Sus ventajas son manifiestas tanto desde el punto de vista de la eficiencia de la operativa interna como en lo que respecta a la mejora de sus productos y servicios y de la experiencia del cliente. Además, la inteligencia artificial, gestionada con criterios éticos y responsables, es una oportunidad que aporta valor añadido a las empresas y contribuye al bienestar de los ciudadanos y de la sociedad en su conjunto. La IA no es el futuro, es el ahora, y ya está revolucionando diversos aspectos cotidianos como la forma en la que vivimos y trabajamos de maneras que sólo habíamos imaginado posible en la ciencia ficción.

 

Inteligencia artificial en los últimos años.

En la última década, y en especial en los últimos años, la inteligencia artificial se ha transformado; no tanto respecto a lo que podemos hacer con ella sino en lo que hacemos. Para algunos, esta fase se inició en 2007 con la llegada de los teléfonos inteligentes. Sin embargo, la inteligencia es solo inteligencia, ya sea natural o artificial. Se trata de una forma de computación y, como tal, de transformación de la información.

La abundancia de información personal, resultado de la vinculación voluntaria de una parte ingente de la sociedad a internet, nos ha permitido trasladar un gran caudal de conocimiento explícito e implícito de la cultura humana obtenido por medio de cerebros humanos a formato digital. Una vez ahí, se puede usar no solo para funcionar con una competencia propia de humanos, también para generar más conocimiento y acciones mediante la computación automatizada. 

Durante décadas, incluso antes de la creación del término, la IA suscitó tanto miedo como interés, cuando la humanidad contemplaba la posibilidad de crear máquinas a su imagen y semejanza. Los avances de la IA a la hora de superar la capacidad humana en actividades como el ajedrez, el juego de Pokemon Go y la traducción automática llegan ahora a los titulares, pero estuvo presente en la industria desde, al menos, la década de 1980.

Por entonces los sistemas de normas de producción o sistemas «expertos» se convirtieron en la tecnología estándar para comprobar circuitos impresos y detectar el fraude con tarjetas de créditos. De modo similar, hace tiempo que se emplean estrategias de aprendizaje automático, como los algoritmos genéticos, para problemas computacionales de muy difícil resolución, como la planificación de sistemas operativos informáticos y redes neuronales, para modelizar y comprender el aprendizaje humano, como para tareas básicas de control y supervisión básicos en la industria.

Durante la década de 1990, los métodos probabilísticos hicieron una revolución y sentaron las bases de algunas de las tecnologías predominantes hoy: por ejemplo, la búsqueda a través de grandes masas de datos. Esta capacidad de búsqueda incluía la posibilidad de hacer análisis semánticos de textos en bruto que permiten a los usuarios de la red encontrar los documentos que buscan entre billones de páginas web con solo escribir unas cuantas palabras.

Hoy en día podemos buscar fotografías, vídeos y audio con un clic, podemos traducir, transcribir, leer labios, interpretar emociones, falsificar firmas, otros tipos de escritura manual y manipular vídeos. Podemos incluso falsificar audios o vídeos durante retransmisiones en directo, lo que nos permite elegir las palabras de las que serán «testigos» millones de personas, sobre todo en el caso de famosos.

 

La Inteligencia Artificial ya está aquí, a nuestra disposición y nos beneficia a todos. Sin embargo, sus consecuencias para nuestro orden social no se entienden y, además, hasta hace poco ni siquiera eran objeto de estudio. No obstante, gracias a los avances en la robótica, está entrando en nuestro espacio físico en forma de vehículos, armas, drones y dispositivos domésticos autónomos e incluso consolas de videojuegos. Cada vez estamos más rodeados de percepciones, análisis y acciones automatizadas generalizadas.

¿Te ha parecido interesante? Sin duda el uso de inteligencia artificial es un trabajo multidisciplinar que involucra a tecnólogos y expertos en el área. En Creante Lab tenemos el privilegio de contar con equipo de profesionales que pueden contribuir a un desarrollo armónico de la Inteligencia Artificial en cualquier área, si te interesa comunicate con nosotros.

Fuentes:

http://numerentur.org/evolucion-de-la-inteligencia-artificial/

https://www.bbvaopenmind.com/articulos/la-ultima-decada-y-el-futuro-del-impacto-de-la-ia-en-la-sociedad/

https://www.iberdrola.com/innovacion/que-es-inteligencia-artificial

 

 

 

 

 

 

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